Agujeros negros ocultos en la Vía Láctea: qué sabemos en 2026

La Vía Láctea esconde una población de agujeros negros ocultos que los astrónomos apenas están empezando a mapear. No emiten luz, no tienen disco de acreción activo y no delatan su presencia con rayos X: simplemente están ahí, silenciosos, distribuidos por toda la galaxia. Detectarlos es uno de los problemas más difíciles de la astrofísica contemporánea.
Lo que sabemos en 2026 viene de una combinación de simulaciones computacionales, detecciones indirectas por lentes gravitacionales y el catálogo creciente de ondas gravitacionales que instrumentos como LIGO y Virgo acumulan desde 2015. El número real de agujeros negros estelares en nuestra galaxia sigue siendo una estimación, pero esa estimación se afinó bastante en los últimos años.
- Cuántos agujeros negros hay en la Vía Láctea
- Por qué son tan difíciles de detectar
- Qué dicen las simulaciones en 2026
- El caso especial de Sagitario A*
- Agujeros negros de masa intermedia: el eslabón perdido
- Ondas gravitacionales como herramienta de censo
- Preguntas frecuentes sobre agujeros negros en la Vía Láctea
- Lo que sigue
Cuántos agujeros negros hay en la Vía Láctea
La respuesta corta: nadie lo sabe con certeza. La respuesta larga es más interesante.
Los modelos de evolución estelar más aceptados indican que cualquier estrella con más de 20-25 masas solares puede terminar su vida como agujero negro tras el colapso gravitacional. Dado el número de estrellas masivas que la Vía Láctea ha producido a lo largo de sus aproximadamente 13.000 millones de años de historia, las simulaciones arrojan cifras que van de 10 millones a 100 millones de agujeros negros estelares diseminados por la galaxia. El número más citado en la literatura reciente ronda los 40 millones.
La inmensa mayoría son agujeros negros inactivos. No tienen material cayendo sobre ellos, no generan rayos X detectables y, sin telescopio especial, son literalmente invisibles.

Por qué son tan difíciles de detectar
Un agujero negro estelar típico tiene entre 5 y 30 masas solares comprimidas en un objeto de apenas unos kilómetros de diámetro. Sin material que acrete, no emite radiación electromagnética propia. La única señal disponible es gravitacional.
Hay tres métodos principales para cazar agujeros negros inactivos:
- Microlentes gravitacionales: cuando un agujero negro pasa frente a una estrella de fondo, su gravedad amplifica la luz de esa estrella de forma característica. El proyecto OGLE (Optical Gravitational Lensing Experiment) ya confirmó al menos un candidato sólido mediante esta técnica en 2022.
- Binarias de rayos X en quiescencia: algunos agujeros negros tienen compañera estelar pero en estado de baja actividad. Se detectan por las características orbitales del sistema, no por su emisión de rayos X.
- Ondas gravitacionales: cuando dos agujeros negros se fusionan, LIGO y Virgo captan la señal. Cada detección es también un censo: confirma que esos objetos existían y estaban en la galaxia o en galaxias próximas.
El problema es que ninguno de estos métodos escala bien. Las microlentes requieren alineación casi perfecta. Las binarias en quiescencia son pocas. Y las fusiones detectadas por LIGO son eventos raros.
Qué dicen las simulaciones en 2026
Las simulaciones de tipo N-cuerpos y los modelos de síntesis de poblaciones estelares son la herramienta principal para estimar la distribución de agujeros negros ocultos en la Vía Láctea. En los últimos años, grupos como el que trabaja con el código SEVN (Stellar EVolution for N-body) han refinado los parámetros de expulsión de masa en supernovas para calcular cuántos agujeros negros reciben una patada gravitacional tan grande que escapan de la galaxia y cuántos permanecen en ella.
Un resultado que cambió el panorama: muchos agujeros negros estelares jóvenes reciben velocidades de escape durante la supernova. Eso reduce el número total de residentes galácticos respecto a estimaciones anteriores. Aun así, la cifra mínima razonable sigue siendo de decenas de millones.
Las simulaciones también predicen dónde están concentrados. La mayoría debería encontrarse en el bulbo galáctico y en el disco interior, donde la densidad de estrellas masivas fue mayor durante la historia temprana de la Vía Láctea. El halo galáctico también tiene su porción, producto de agujeros negros expulsados hace miles de millones de años.
El caso especial de Sagitario A*
El agujero negro más conocido de la Vía Láctea no es ninguno de esos cuarenta millones silenciosos: es Sagitario A*, el agujero negro supermasivo en el centro galáctico. Según datos de la UNAM, investigadora Anna Lía Longinotti del Instituto de Astronomía, este objeto tiene una masa de aproximadamente seis millones de masas solares.
Sagitario A* está en estado de baja actividad comparado con los núcleos galácticos activos de otras galaxias. No tiene jets potentes ni disco de acreción brillante en este momento. Es, en cierta forma, el agujero negro inactivo más estudiado que tenemos.
La primera imagen de su "sombra" fue publicada en 2022 por el Event Horizon Telescope, confirmando su naturaleza y sus dimensiones con una precisión sin precedente.

Agujeros negros de masa intermedia: el eslabón perdido
Entre los agujeros negros estelares (hasta ~150 masas solares) y los supermasivos (millones de masas solares) hay una categoría cuya existencia sigue siendo debatida: los agujeros negros de masa intermedia, con entre 100 y más de 10.000 masas solares.
Según la doctora Longinotti, su existencia "aún se discute". Algunos cúmulos globulares de la Vía Láctea son candidatos a albergar uno de estos objetos en su centro, pero la evidencia sigue siendo indirecta. Si existen en cantidad significativa, el censo total de agujeros negros galácticos sería aún mayor.
Ondas gravitacionales como herramienta de censo
Cada vez que LIGO o Virgo detectan la fusión de dos agujeros negros, ese evento suma al conocimiento sobre la población real de estos objetos. Desde la primera detección en febrero de 2016, el catálogo acumulado supera ya los 90 eventos confirmados (cifra aproximada al cierre de la tercera corrida observacional O3).
Los datos de O4, la corrida que inició en 2023 y cuyo análisis sigue en curso en 2026, aportarán una muestra estadísticamente más robusta. Eso permite ajustar los modelos de formación y distribución de masas: cuántos agujeros negros estelares hay en determinado rango de masa, cuán frecuente es la fusión, qué fracción vive en sistemas binarios.
Es un censo indirecto, pero es el más poderoso disponible.
Preguntas frecuentes sobre agujeros negros en la Vía Láctea
¿Hay riesgo de que un agujero negro inactivo se acerque al Sistema Solar?
El espacio interestelar es enorme. La densidad de agujeros negros estelares, aunque alta en número absoluto, es extremadamente baja en términos de volumen. La probabilidad de un encuentro peligroso en escalas de tiempo humanas es despreciable.
¿Cómo se distingue un agujero negro inactivo de una estrella de neutrones por microlentes?
La masa del objeto lente determina la duración y forma de la curva de luz amplificada. Los agujeros negros tienen masas típicamente mayores que las estrellas de neutrones, lo que produce eventos de microlente más largos. Con datos suficientemente precisos de astrometría —como los de Gaia— es posible separar ambas poblaciones.
¿El Gran Telescopio Milimétrico en México contribuye a este campo?
Sí. El GTM, ubicado en la Sierra Negra de Puebla a 4.600 metros de altitud, participó en el proyecto Event Horizon Telescope que produjo la primera imagen de un agujero negro supermasivo en 2019 (M87) y la de Sagitario A* en 2022. Es uno de los instrumentos clave para observaciones en radio de alta resolución angular.
¿Cuándo se podrá hacer un censo real de agujeros negros galácticos?
El observatorio espacial de ondas gravitacionales LISA, cuyo lanzamiento está previsto para la próxima década, podría detectar directamente señales de agujeros negros de masa intermedia. Combinado con los datos de Gaia y los catálogos de microlentes, el mapa de agujeros negros ocultos en la Vía Láctea podría tener contornos mucho más precisos hacia 2035.
Lo que sigue
El campo avanza en varias direcciones al mismo tiempo. Las corridas de LIGO/Virgo/KAGRA suman detecciones. Los modelos de síntesis de poblaciones se refinan. Y proyectos como el Roman Space Telescope de la NASA, diseñado para campañas masivas de microlentes hacia el centro galáctico, podrían confirmar o descartar decenas de candidatos en los próximos años.
Lo que no cambia es la magnitud del problema: la gran mayoría de los agujeros negros estelares de la Vía Láctea permanecerán invisibles durante mucho tiempo. El universo no pone etiquetas en sus objetos más extremos.

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