Saltar al contenido
Agujeros Negros

Agujeros negros imposibles: por qué nacen de colisiones múltiples

Hay agujeros negros que no deberían existir: su masa es demasiado grande para los modelos de evolución estelar. La ciencia apunta a colisiones múltiples.

Redacción Space Pragmatism
Publicado
Lectura
8 min
Ilustración en blanco y negro de un gran remolino que se abre en el mar, con barcos a lo lejos
En esta nota
  1. Qué hace a un agujero negro «imposible»
  2. Colisiones múltiples: la explicación más plausible
  3. El caso SDSS J1430+2303: una colisión que se pudo anticipar
  4. Qué nos dice la física teórica sobre el origen de los agujeros negros masivos
  5. Lo que las ondas gravitacionales ya confirmaron
  6. Preguntas frecuentes

Hay agujeros negros que no deberían existir. Su masa es demasiado grande para explicarse con los modelos estándar de evolución estelar, y sin embargo ahí están, detectados, medidos, registrados por observatorios de ondas gravitacionales como LIGO y Virgo. La astrofísica les ha puesto un nombre informal pero preciso: agujeros negros imposibles. Y la explicación más sólida que tiene la ciencia hoy apunta a colisiones múltiples entre objetos compactos, no a un solo evento de colapso estelar.

El debate no es nuevo, pero en los últimos años ganó urgencia. Con cada nueva detección de ondas gravitacionales, el catálogo de anomalías crece. Algunos de estos objetos tienen masas que caen justo en el llamado mass gap —la brecha de masa entre 50 y 130 masas solares— donde la física nuclear predice que no debería haber agujeros negros formados por colapso estelar directo. Y sin embargo aparecen.

Qué hace a un agujero negro «imposible»

Para entender el problema hay que partir de lo básico. Un agujero negro estelar clásico nace cuando una estrella masiva agota su combustible nuclear y colapsa sobre sí misma. Pero ese proceso tiene límites. Las estrellas con masas entre ciertos rangos, al colapsar, desencadenan explosiones termonucleares que las destruyen casi por completo —las llamadas supernovas de inestabilidad de par— sin dejar remanente. Esto crea una zona prohibida en el espectro de masas.

Los telescopios y detectores de ondas gravitacionales han encontrado objetos que caen exactamente en esa zona prohibida. La fusión detectada por LIGO en 2020 conocida como GW190521 produjo un agujero negro de aproximadamente 142 masas solares a partir de dos progenitores que ya estaban en rangos problemáticos. El resultado final es lo que los físicos llaman un agujero negro de masa intermedia, una categoría que durante décadas fue casi teórica.

Imagen abstracta en tonos azules y violetas con manchas circulares rosadas y celestes

Colisiones múltiples: la explicación más plausible

La hipótesis que mayor respaldo acumula en la comunidad científica es la de formación jerárquica por colisiones sucesivas. En lugar de un solo colapso estelar, estos objetos son el producto de varias generaciones de fusiones. Un agujero negro de primera generación fusiona con otro, produce un hijo más masivo, ese hijo fusiona con otro, y así sucesivamente.

El problema es que este mecanismo requiere un entorno muy específico. En la mayoría de los cúmulos estelares, la patada de retroceso —el empuje que recibe el agujero resultante al emitir ondas gravitacionales asimétricas— lo expulsa del sistema antes de que pueda fusionarse de nuevo. Para que las fusiones jerárquicas funcionen, el agujero necesita estar atrapado gravitacionalmente en un entorno denso: el núcleo de un cúmulo globular, una galaxia enana, o —según modelos más recientes— el disco de acreción de un agujero negro supermasivo.

Esta última opción, conocida como canal AGN (núcleo galáctico activo), ha ganado mucho terreno. Los discos de gas que rodean a los agujeros negros supermasivos en el centro de las galaxias pueden actuar como trampas gravitacionales, frenando los agujeros negros más pequeños y permitiendo que se fusionen repetidamente sin escapar del sistema. Es un ambiente caótico y denso, perfecto para producir los agujeros negros imposibles que los detectores registran.

El caso SDSS J1430+2303: una colisión que se pudo anticipar

Uno de los ejemplos más documentados de colisión inminente entre agujeros negros supermasivos involucra a la galaxia SDSS J1430+2303, ubicada a unos 1.000 millones de años luz de la Tierra. Según un estudio del equipo de Ning Jiang, de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China, las variaciones en la luz emitida por el núcleo de esa galaxia mostraron un patrón muy específico: las oscilaciones pasaron de tener un período de un año a reducirse a apenas un mes en el transcurso de tres años.

Esa aceleración coincide con lo que los modelos predicen para los momentos previos a una fusión entre dos agujeros negros supermasivos con una masa combinada de alrededor de 200 millones de masas solares. Los datos de rayos X recopilados por astrónomos de la Universidad de Guangzhou durante 200 días arrojaron una probabilidad del 99,96% de que se trate efectivamente de un sistema binario en fase terminal. Si la colisión ocurre, sería la primera fusión de agujeros negros supermasivos observada en tiempo real.

La detección directa de ese evento, sin embargo, enfrenta un obstáculo técnico. Las ondas gravitacionales que generarían dos agujeros negros de esa masa están en un rango de frecuencia demasiado bajo para los detectores actuales como LIGO o Virgo, diseñados para fusiones de masa estelar. Se necesitaría un observatorio espacial como LISA —previsto para la década de 2030— para captarlas directamente. Aun así, la colisión produciría un estallido luminoso en todo el espectro electromagnético visible desde la Tierra.

Qué nos dice la física teórica sobre el origen de los agujeros negros masivos

Mientras los observatorios acumulan datos empíricos, la física teórica enfrenta su propia crisis. Un grupo de investigadores que aplica la llamada fórmula de la isla —desarrollada originalmente por Juan Maldacena y colaboradores del Instituto de Estudios Avanzados— ha encontrado paradojas profundas al intentar describir universos cerrados con agujeros negros. Los cálculos sugieren que un universo como el nuestro, descrito sin un observador interno, parece colapsar a un único estado posible: algo casi completamente vacío.

El resultado, publicado en Quanta Magazine, choca frontalmente con la realidad observable: hay agujeros negros, hay galaxias, hay personas. La paradoja no implica que el universo esté vacío, sino que la descripción matemática de un universo sin observadores pierde complejidad de forma inexplicable. Henry Maxfield, físico de Stanford University, lo resume así: los agujeros negros son el banco de pruebas, pero la pregunta de fondo es la cosmología cuántica.

Ilustración abstracta de anillos concéntricos de luz verdosa que giran alrededor de un centro rojo

Lo que las ondas gravitacionales ya confirmaron

En 2015, LIGO detectó por primera vez ondas gravitacionales producidas por la colisión de dos agujeros negros ocurrida hace 1.300 millones de años. Fue una confirmación experimental de las predicciones de Einstein y abrió una ventana completamente nueva al universo. Desde entonces, LIGO y Virgo han catalogado decenas de eventos de fusión.

Lo que no resuelven esas detecciones es el origen de los progenitores. Cuando los dos agujeros negros que se fusionaron en GW190521 tenían masas de 85 y 66 masas solares respectivamente, ambos caían en zonas problemáticas para la física estelar convencional. La explicación más coherente es que ya eran productos de fusiones anteriores: agujeros negros de segunda o tercera generación. Eso convierte cada nueva detección en un registro indirecto de colisiones que ocurrieron mucho antes.

Preguntas frecuentes

¿Qué es exactamente un agujero negro imposible?

Es un agujero negro cuya masa cae en rangos donde la física estelar estándar no puede explicar su formación por colapso directo de una estrella. El término informal señala que desafía los modelos convencionales de formación de agujeros negros.

¿Por qué las colisiones múltiples producen agujeros negros que la física no explica fácilmente?

Porque cada fusión suma masa al objeto resultante, empujándolo hacia rangos prohibidos por las explosiones termonucleares que destruyen estrellas de cierto tamaño. Un agujero negro de segunda o tercera generación puede acumular masa que ninguna estrella individual podría legar directamente.

¿Cuándo podremos ver una fusión de agujeros negros supermasivos en tiempo real?

La colisión en SDSS J1430+2303 fue una candidata prometedora en 2022. Para detectar las ondas gravitacionales de ese tipo de evento se necesita LISA, el observatorio espacial de la ESA cuyo lanzamiento está programado para 2035. El estallido luminoso sería visible con telescopios actuales si ocurre en una galaxia suficientemente cercana.

¿Existe riesgo para la Tierra por estas colisiones?

No. Las ondas gravitacionales detectadas por LIGO apenas deforman el espacio-tiempo una fracción del diámetro de un protón al pasar por la Tierra. Los eventos ocurren a distancias de cientos a miles de millones de años luz. No representan ningún riesgo práctico.

Eventos clave en la detección de agujeros negros por colisiones
Evento Año de detección Masa resultante Por qué es relevante
GW150914 2015 ~62 masas solares Primera detección de ondas gravitacionales por fusión de agujeros negros
GW190521 2020 ~142 masas solares Primer agujero negro de masa intermedia confirmado por LIGO; progenitores en masa prohibida
SDSS J1430+2303 2022 (anticipación) ~200 millones de masas solares (combinadas) Candidato a primera fusión de agujeros negros supermasivos observable en tiempo real

El catálogo de agujeros negros imposibles seguirá creciendo con cada nueva corrida de observación de LIGO-Virgo. Cada detección es, en el fondo, un registro fósil de colisiones en cadena que ocurrieron mucho antes de que existiera el sistema solar. La física no tiene todavía todas las respuestas, pero ya sabe dónde buscarlas.

Escrito por

Redacción Space Pragmatism

Divulgación sobre exploración espacial, cohetes y astronomía en español. Si encuentras un error en esta nota, escríbenos a [email protected].

Para seguir leyendo