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Vida Extraterrestre

Búsqueda de vida extraterrestre: métodos y avances en 2026

En abril de 2025, el Telescopio Espacial James Webb detectó señales de dimetilsulfuro y dimetil disulfuro en la atmósfera del exoplaneta K2-18b.

Redacción Space Pragmatism
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Ilustración de una estación espacial y una nave que se acercan a Marte
En esta nota
  1. Qué es lo que buscamos (y por qué es tan difícil definirlo)
  2. Los métodos principales de búsqueda de vida extraterrestre
  3. El caso K2-18b: el hallazgo más relevante hasta 2026
  4. Qué se entiende por «biosignatures» y por qué importan
  5. Lo que sabemos sobre la distribución de los elementos de la vida
  6. Preguntas frecuentes sobre la búsqueda de vida extraterrestre

En abril de 2025, el Telescopio Espacial James Webb detectó señales de dimetilsulfuro y dimetil disulfuro en la atmósfera del exoplaneta K2-18b. Esos dos compuestos químicos, en la Tierra, los producen exclusivamente seres vivos. El hallazgo no confirma nada todavía, pero marca el umbral más alto que la ciencia ha cruzado en la búsqueda de vida extraterrestre hasta la fecha.

¿Qué métodos usa la ciencia para detectar vida fuera del planeta? ¿Qué tan lejos hemos llegado realmente? Este artículo recorre los enfoques principales, los resultados más recientes y lo que queda por resolver.

Qué es lo que buscamos (y por qué es tan difícil definirlo)

Antes de buscar vida, hay que acordar qué es vida. La NASA tiene una definición operativa: «un sistema químico autosostenido capaz de experimentar evolución darwiniana». No es perfecta, pero sirve porque no restringe la búsqueda a la bioquímica terrestre.

En la Tierra, toda vida conocida comparte una base: células con ADN y ARN, formadas por carbono, oxígeno, hidrógeno, nitrógeno, azufre y fósforo. Esas moléculas generan reacciones bioquímicas que, entre otras cosas, producen residuos gaseosos que alteran la composición atmosférica. El metano es un ejemplo claro.

Según el doctor José Franco, del Instituto de Astronomía de la UNAM, esa producción de residuos metabólicos es precisamente uno de los caminos para detectar vida a distancia: si la atmósfera de un planeta muestra gases que no deberían coexistir en equilibrio sin una fuente biológica activa, hay razón para investigar más.

La astrobiología —rama de la astronomía dedicada a entender el origen, evolución y distribución de la vida en el universo— es el campo que articula todo esto. En México, el Instituto de Astronomía de la UNAM en Ensenada opera un Laboratorio de Astrobiología, y existe una Sociedad Mexicana de Astrobiología activa.

Ilustración de una estación espacial y una nave frente a Marte, con luces en su lado nocturno

Los métodos principales de búsqueda de vida extraterrestre

1. Detección de biosignatures atmosféricas

La estrategia más usada hoy para planetas lejanos es la espectroscopía de tránsito. Cuando un exoplaneta pasa frente a su estrella, parte de la luz estelar atraviesa su atmósfera. Analizando qué longitudes de onda absorbe ese gas, los instrumentos pueden identificar moléculas concretas.

En 2023, el Webb detectó metano y dióxido de carbono en K2-18b. Era la primera vez que moléculas basadas en carbono aparecían en un exoplaneta dentro de la zona habitable de su estrella. En 2025, nuevas observaciones con el instrumento de infrarrojo de rango medio encontraron señales mucho más fuertes de DMS y DMDS.

El umbral estadístico alcanzado es de 99,7% de certeza. Para hacer una declaración científica definitiva se necesita el 99,99994%. La diferencia no es menor: hasta que no se cruce ese umbral, el hallazgo es el indicio más sólido hasta la fecha, no una confirmación.

2. Exploración in situ en el Sistema Solar

Para mundos más cercanos, la NASA y otras agencias envían sondas y rovers. Marte ha sido el objetivo principal. El rover Perseverance, activo desde 2021, recolecta muestras de roca que podrían contener rastros de vida microbiana antigua. La misión Mars Sample Return, aunque retrasada por presupuesto, sigue siendo el plan para traer esas muestras a laboratorios terrestres.

Encélado, luna de Saturno, y Europa, luna de Júpiter, son otros candidatos de primer orden. Ambas tienen océanos líquidos bajo capas de hielo, y Encélado expulsa géiseres de vapor acuoso al espacio. La misión Europa Clipper, lanzada en octubre de 2024, está en camino hacia Júpiter para analizar ese océano subsuperficial.

3. Búsqueda de señales de inteligencia (SETI)

El Instituto SETI lleva décadas escaneando radiofrecuencias en busca de señales artificiales. El método tiene sus límites: asume que una civilización transmite deliberadamente, que usa frecuencias detectables y que su tecnología es comparable a la nuestra. Ninguna señal confirmada hasta hoy.

En los últimos años el SETI ha incorporado búsqueda de señales ópticas, no solo de radio. Los láseres de alta potencia, por ejemplo, serían detectables desde distancias interestelares.

4. Análisis de meteoritos y material interestelar

Los meteoritos carbonáceos contienen aminoácidos y otras moléculas orgánicas formadas fuera de la Tierra. Según investigadores del Instituto de Astrofísica de Andalucía, algunos de esos resultados son coincidentes bajo supuestos muy diversos, lo que sugiere que compuestos de interés biológico podrían estar distribuidos en abundancia por el cosmos.

En 2023 también se encontraron trazas de DMS en un cometa. Ese hallazgo complica la interpretación de los datos de K2-18b: si ese compuesto puede originarse por vías no orgánicas, las señales del exoplaneta no son automáticamente biológicas.

Estrella brillante entre nubes de gas rojas, anaranjadas y violetas

El caso K2-18b: el hallazgo más relevante hasta 2026

K2-18b está a 124 años luz en la constelación de Leo. Tiene más de ocho veces la masa de la Tierra y un diámetro 2,5 veces mayor. Orbita su estrella cada 33 días, dentro de la zona habitable. Es el principal candidato a ser un «planeta hiceánico»: un mundo oceánico con atmósfera rica en hidrógeno, capaz de albergar microbios similares a los de los océanos terrestres hace miles de millones de años.

Nikku Madhusudhan, astrofísico de la Universidad de Cambridge y autor principal del estudio publicado en The Astrophysical Journal Letters en abril de 2025, fue directo: «Lo que hemos hallado por el momento son indicios de una posible actividad biológica fuera del Sistema Solar». La concentración de DMS detectada sería miles de veces mayor que en la atmósfera terrestre, lo que apuntaría a un origen biológico.

Pero no todos están convencidos. Raymond Pierrehumbert, de la Universidad de Oxford, argumenta que K2-18b probablemente está demasiado caliente para mantener agua líquida. El escenario que él considera más plausible son océanos de lava, no de agua. Sara Seager, del MIT, señaló que ya hubo disputas anteriores sobre otros descubrimientos relacionados con este mismo exoplaneta.

La ciencia pide más observaciones antes de cualquier conclusión. Eso es exactamente lo que se está haciendo.

Qué se entiende por «biosignatures» y por qué importan

Las biosignatures o biofirmas son indicadores físicos, químicos o estructurales que podrían existir solo si hay vida. No son prueba directa, sino pistas que justifican investigación adicional.

Las más estudiadas incluyen:

  • Oxígeno y metano coexistiendo en una atmósfera: en ausencia de actividad biológica, reaccionan entre sí y desaparecen. Su presencia simultánea a ciertos niveles no tiene explicación inorgánica conocida.
  • Dimetilsulfuro (DMS) y dimetil disulfuro (DMDS): producidos en la Tierra principalmente por fitoplancton y bacterias.
  • Ozono: subproducto del oxígeno de origen biológico.
  • Fosina (PH₃): en 2020 se reportó en Venus, aunque ese hallazgo sigue siendo muy debatido. No hay consenso sobre si puede producirse por procesos geológicos o requiere biología.

El problema con todas estas señales es que la ausencia de una explicación inorgánica conocida no equivale a que esa explicación no exista. La ciencia avanza precisamente porque aparecen nuevas vías no orgánicas que antes nadie había considerado.

Lo que sabemos sobre la distribución de los elementos de la vida

Casi todos los elementos de la tabla periódica —incluidos los que forman los seres vivos— se sintetizaron en el interior de estrellas. El calcio de los huesos, el hierro de la hemoglobina, el fósforo de los nervios: todo se formó hace miles de millones de años en estrellas que luego expulsaron esos materiales al medio interestelar.

Ese material se incorporó a nuevos sistemas solares en formación. El resultado es que los ingredientes básicos de la vida, tal como la conocemos, están distribuidos por toda la galaxia. La pregunta no es si los bloques de construcción están disponibles en otros lugares. Están. La pregunta es si las condiciones locales permiten que esos bloques se organicen y evolucionen.

Preguntas frecuentes sobre la búsqueda de vida extraterrestre

¿La NASA ha encontrado vida extraterrestre?

No. Hasta 2026, ninguna agencia espacial ha confirmado el hallazgo de vida fuera de la Tierra. Los indicios de K2-18b son los más sólidos detectados hasta la fecha, pero están por debajo del umbral estadístico requerido para una confirmación científica.

¿Qué es una biosignature y por qué es importante?

Una biosignature o biofirma es cualquier señal química, física o estructural que podría existir solo como resultado de actividad biológica. Son el principal método de detección remota de vida en exoplanetas. No confirman vida por sí solas; indican que la posibilidad merece investigación adicional.

¿Qué es el Telescopio James Webb y qué tiene que ver con esto?

El James Webb es el telescopio espacial más potente operativo. Su capacidad de análisis infrarrojo le permite estudiar las atmósferas de exoplanetas con un nivel de detalle sin precedentes. Fue clave en los hallazgos de 2023 y 2025 sobre K2-18b.

¿La vida extraterrestre tiene que ser inteligente?

No. La búsqueda incluye cualquier forma de vida, desde microorganismos hasta organismos complejos. Según el doctor José Franco de la UNAM, con frecuencia se asocia vida extraterrestre con inteligencia, pero la diversidad en la Tierra va desde bacterias hasta mamíferos. La búsqueda aplica a todo ese espectro.

¿Cuándo podríamos tener una respuesta definitiva sobre K2-18b?

No hay una fecha fija. Madhusudhan y su equipo necesitan más tiempo de observación con el Webb y posiblemente con telescopios de próxima generación, como el Extremely Large Telescope (ELT) actualmente en construcción en Chile. El proceso podría tomar varios años más.

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Redacción Space Pragmatism

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